Viajar a Puerto Rico es el sueño para muchos dominicanos. Los que tenemos el privilegio de poder hacerlo lo vemos como algo natural y cotidiano, pero es importante recordar que muchos dan la vida por lograrlo, lanzándose al mar en frágiles yolas, durando varios días en altamar, hasta llegar, con algo de suerte, a la vecina isla sin ser descubiertos. Lo cómico es que los dominicanos ilegales, como todos los ilegales del mundo, aceptan el trabajo y las condiciones que los locales no quieren realizar, y cumplen actividades que no harían ni muertos en nuestro país de origen, pues aquí se los dejamos a nuestros propios ilegales.Al preparar mi más reciente viaje a nuestra vecina isla me percaté que sólo una línea aérea viaja directamente hasta allá (American Airlines), y que los precios de los pasajes son absurdamente altos. En este escenario, me decidí, junto a parte de mi familia, a probar una alternativa que nos sonaba por la radio hacía ya varios meses y que representaba un tercio del precio de hacer el viaje por avión: Ferries del Caribe.
El viaje en Ferries es viable para aquellos que no tienen prisa en llegar y volver, pues la travesía inicia en el área de migración dominicana a eso de las 4:30 p.m. y termina como a las 12:00 p.m. del día siguiente, al salir del área de migración estadounidense. Hay que ir con paciencia pues los procesos de embarque y desembarque no son tan fluidos como los encontrados en los aeropuertos. Estoy convencido de que el cerebro de un ingeniero de procesos, o persona con similar capacitación, les haría mucho bien en mejorar el servicio.
Las atenciones en el barco son buenas, si se comparan con un hotel dos o tres estrellas. Hay muchas opciones, aunque cada una se paga adicional, lo cual es un éxito para los dueños del servicio. Sin embargo, si uno anda en búsqueda del ahorro, difícilmente entre a un cine (de no muy buena calidad) a US$3.oo por persona, ni cene en el restaurante a la carta, ni se hospede en las habitaciones del piso ocho y nueve. Las actividades abiertas al público no son la gran cosa, pero entretienen, y para los que no queremos el escándalo podemos sentarnos en la cubierta y disfrutar de la noche, el mar, la oscuridad, la luna y las estrellas. El viaje en sí me resultó placentero, aunque a muchas personas les marea estar en un barco.¿Qué me sorprendió? La amplitud del mar, especialmente de noche, donde no puede verse nada más que las estrellas y el reflejo de las propias luces en el agua. Es increíble pensar que el Almirante Cristóbal Colón navegó todo un océano guiado sólo por las estrellas. Cuando uno lo ve en perspectiva descubre el gran valor, o las pocas opciones, que tienen las personas que se aventuran a realizar la travesía en yola… es mucho más difícil que como lo hizo el Almirante Colón, pues al menos a él nadie le perseguía.
Este es un momento que hace a uno recordar la famosa película Titanic. Creo que todos los pasajeros contamos, más de una vez, cuántos botes salvavidas habían en el barco, así como la capacidad de cada uno de ellos. Hasta el momento no sé cuantas almas llevaba el barco, pero conté nueve botes para 85 personas cada uno, y cerca de igual número de balsas inflables. Es evidente que hemos aprendido a precaver, aun en travesías tan cortas.Llegar a Puerto Rico en el Ferries es excitante. Se puede ver, en la cara de todos los pasajeros, un entusiasmo que contagia. Niños y adultos parecen rebosar de alegría. Para muchos, es aquí donde empieza el viaje. Lo primero que se nota, antes de que salga el sol, es el faro de la isla Mona. A cualquiera se le acelera el corazón y piensa que, por fin, el viaje ha terminado. Pero así mismo como se acerca el faro, se aleja, y uno no sabe cuándo llegará.
De pronto, a lo lejos, empieza el sol a subir, y se descubre que sus rayos ocultan montañas, invisibles a nuestros ojos, pero que al cubrir parte del astro rey nos hace conscientes de que estamos cerca. Las aves nos acompañan ahora… aunque uno duda de si las seguimos a ellas o son ellas quienes nos siguen a nosotros. ¿Vamos por buen camino? Confiamos en el Capitán del barco y disfrutamos la cálida brisa del Caribe que nos refresca la cara. El sol sube, nos calienta el alma… ¿Dónde andará el Capitán Turner? ¿Regresará tal como ha prometido? ¿Vivirá todavía la gente aquellas promesas de amor? Es un momento de calma en el cual pensamos en lo que dejamos atrás y lo que viene adelante. Llegar a una tierra tan soñada debe sentirse como un antes y un después, en una vida tan corta.
Los sueños pueden hacerse realidad… es seguro que esta es una tierra de oportunidades. ¿Cómo es que no logramos transformar nuestra realidad para lograr nuestros sueños en nuestra propia tierra? ¿Es que es el destino de cada ser humano cambiar su propia vida en suelo ajeno? Parece que eso enseña la historia. Mientras, nos aventuramos a nuevas vivencias, con la esperanza en la frente, mientras exclamamos: ¡llegamos a Puerto Rico!Todas las fotografías tomadas con una Nikon D80 con lente Nikon DX AF-S Nikkor 18-55mm (27-82.5mm equiv.) f/3.5-5.6G VR. La primera a 48mm, f/4.8 por 1/2 sec. a ISO 1600; la segunda a 27mm, f/3.5 por 1/8 sec. a ISO 1600; la tercera a 33mm, f/20 por 1/60 sec. a ISO 200; la cuarta a 82mm, f/22 por 1/125 sec. a ISO 100 (con un poco de crop) y; la quinta a 48mm, f/6.3 por 1/160 sec. a ISO 100.







