martes 26 de febrero de 2008

Independencia

Mañana, 27 de febrero de 2008, cumplimos un año más como nación independiente. Esta condición la conmemoramos de muchas formas: discursos, rendición de cuentas, paseo en metro y hasta desfile militar. Todo esto está muy bien.

Sin embargo, no dejo de preguntarme cómo es posible que, a pesar de ser independientes y tener una nación, la falta de voluntad de nuestros políticos nos mantenga en condiciones de eterna pobreza. Somos libres e independientes de los haitianos, pero ¿quiénes nos esclavizan ahora?

La República Dominicana es una nación valiosa, mas no tenemos claro nuestros valores. Tenemos una Constitución tan grande, amplia y confusa, que sólo los miembros de la Suprema Corte de Justicia logran interpretar su significado e intención. La Constitución dominicana no es un documento que guíe nuestro comportamiento y nuestras decisiones. Peor aun, el juicio de los tan altos jueces carece de sentido y orientación, pues, aun con sus sentencias, no logran que las leyes en nuestro país se cumplan y que todos seamos iguales ante la justicia.

¿Por qué no dejamos los discursos de campaña y aprovechamos esta época para reescribir nuestra historia? ¿Por qué no nos replanteamos nuestra República y construimos una nueva nación donde las libertades y los derechos ciudadanos estén garantizados para cada uno de nosotros? Yo pienso que debemos hacerlo.

Necesitamos una nueva Constitución, pero una que contemple, solamente, los valores innegociables que nos distinguen como pueblo, como sociedad y como nación. Carecemos de estos valores integradores que nos definan y que nos aclaren el porqué somos como somos, porqué hacemos lo que hacemos y qué no estamos dispuestos a dejar pasar. Estos valores, conocidos también como principios, están presentes en nuestros hogares, en nuestras escuelas y en nuestras empresas; sin embargo, están ausentes en nuestra sociedad como un todo.

El problema de carecer de valores es que todo lo que sucede en nuestra sociedad nos da lo mismo. Vemos como candidatos a la Presidencia de la República se sacan los trapos al sol, cada uno se acusa de corrupto, de hacer trampa, de no ser ético ni moral, y a los dominicanos eso no nos mueve a exigir pruebas y a repudiar a la persona deshonesta. Nos reímos del chiste, como si fuera realmente un chiste, mientras nos jugamos el destino completo de una nación. Si tuviéramos valores explícitos, principios escritos, todos nuestros representantes y autoridades tuvieran que responder ante ellos, y como los valores son innegociables, si no cumplen con los mismos no pudieran ser entes respetados en nuestra sociedad.

Una vez que tengamos esos principios podríamos discutir y establecer las leyes generales que indiquen el funcionamiento universal de nuestra República (que es lo que hoy tenemos como Constitución). De esa forma, nuestras leyes responderían a esos principios y serían correctas e inviolables. No serían papeles sin valor, sino herramientas de derecho que garanticen nuestra digna convivencia y nuestro desarrollo.

Esta organización jurídica se vería complementada con normas específicas que regulen el cómo, estableciendo los pasos, procedimientos y consecuencias específicas que apliquen a cada ley. De esta forma, podríamos actualizar estas normas, reglamentos y decretos en función de las necesidades nacionales que van surgiendo, irrevocablemente, con el avanzar de nuestro desarrollo como nación y como ciudadanos.

Queremos ser una nación libre, independiente, gloriosa, exitosa y desarrollada. Para lograrlo debemos reinventarnos cada día, sustentados en los adecuados valores y principios que nos caractericen como dominicanos. El deber de vigilar, constantemente, el cumplimiento de los valores, los principios y las leyes, es el precio que se paga por la democracia.

Todas las fotos tomadas con una Kodak DX7440. La primera a 89mm, f/5.6 por 1/500 sec. a ISO 100. La segunda a 33mm, f/5.6 por 1/1000 sec. a ISO 80. La tercera a 33mm, f/5.6 por 350 sec. a ISO 80. La cuarta a 49mm, f/5.6 por 1/125 sec. a ISO 100.

domingo 17 de febrero de 2008

Valentín

El día de San Valentín, conocido en mi país como el día de los enamorados y de la amistad, se celebra el 14 de febrero de cada año. Es una hermosa conmemoración en la cual las personas intercambian regalos con amistades y, principalmente, con la actual o la potencial pareja. En esta fecha la vida se viste de rojo; desde un detalle hasta toda la vestimenta adquiere este color. En los casos más expresivos, un corazón escarlata acompaña a muchos.

El día a día de una persona trabajadora pasa muy de prisa y el tiempo se va entre el trabajo, los estudios (porque siempre hay que seguir estudiando), la atención de los hijos y otras obligaciones. Esto permite que uno pierda de vista los detalles que mantienen a los seres humanos felices y que fortalecen los lazos de amistad. De esta forma, pasan las semanas y los meses y se pierde el contacto con individuos significativos para uno. Por consiguiente, el día de San Valentín cumple un propósito unificador, pues nos permite hacer un alto en el camino, sacar nuestras listas y escribirles a esas personas que tanto nos importan.

Más aun, para las personas que tienen una pareja, este día tiene un sentido más intenso y especial. Es la ocasión perfecta para sacar las mejores ropas, observar los detalles y compartir una mañana, una tarde o una noche muy especial. Es un momento que te permite revisar las cosas vividas, planificar nuevas metas y recordarte, que a pesar de que las conversaciones diarias se desgastan entre los “tengo que” y los “tienes que”, hay una inmensurable razón por la cual has unido tu vida a esa otra persona: el amor. Al fin y al cabo, es el amor lo que importa.

¿Por qué es trascendental esta fecha para aquellos que tienen una relación? La psicología señala que el amor apasionado produce una sensación similar a un pase de drogas, pero aclara que uno no puede tener un pase para siempre. De igual forma, el amor compasivo, conocido también como esa emoción afectiva asociada al compromiso a largo plazo, también declina a través del tiempo. Así, es común que el amor se vaya desgastando con el tiempo. Por consiguiente, se hace necesario que el amor apasionado vuelva a la relación de manera intermitente, pues esto es lo que mantiene a las relaciones juntas a largo plazo.

El día de San Valentín permite eso, hacer un alto y ponerle combustible a la llama del amor. Sé que algunas personas alegan que este día sólo responde a intereses comerciales, pues prevalece más el sentido de compra y venta de obsequios que el sentimiento sublime que conocemos como amor. Yo desapruebo esta noción.

Hasta donde se ha podido demostrar, las costumbres que no satisfacen una finalidad desaparecen de la sociedad. Todo componente social (económico, cultural, político, etc.) satisface una necesidad. El intercambio de obsequios que se acostumbra en esta fecha no descalifica, en lo absoluto, el sublime sentimiento que le acompaña o que representa. Si la intención es inyectar un arrebato de energía al amor apasionado y mejorar así la relación de pareja, todo es válido. Nadie puede encuadrar, reducir, simplificar o racionalizar aquello que genera pasión en cada persona.

Las fotografías que acompañan estas palabras son un ejemplo de algo irracional, pero que demuestra mucha pasión.

Todas las fotografías tomadas con una Kodak DX7440. La primera y la segunda a 33mm, f/4.8 por 1/750 sec. a ISO 200. La tercera y la cuarta a 33mm, f/4.8 por 1/350 sec. a ISO 200.

domingo 10 de febrero de 2008

Los AMETs al rescate

En las últimas semanas hemos visto como la ciudad capital se ha llenado de nuevos oficiales de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET). Estos nuevos representantes de la autoridad, en materia de tránsito vehicular, se ven aglomerados en grupos de tres y cuatro agentes, dirigiendo el tránsito y, en teoría, procurando que las leyes se cumplan.

Es bueno que tengamos más agentes. Sin embargo, creo que el asunto no se trata de cantidad, sino de calidad. Es importante que estos nuevos agentes comprendan que su deber va mucho más allá de asegurar que las personas no conduzcan hablando por el celular, que lleven el cinturón de seguridad abrochado, que no se coman la luz roja y que los motoristas utilicen cascos de protección. Entiendo que su deber está en hacer cumplir la ley de tránsito en todo el sentido de la palabra y respecto a cada artículo que ella contiene.

Como ejemplo de las violaciones de tránsito que normalmente se les escapan a los agentes de la AMET, quiero compartir algunas fotografías que he ido tomando, desde hace un tiempo, sobre curiosidades de nuestro tránsito vehicular.

En la primera podemos ver como un camión, cargado de fundas de cemento y de dos trabajadores de la construcción, transita libremente por la Autopista Duarte. Yo no sé si es que no nos damos cuenta de que esta forma de transportarse pone en peligro la vida de las personas del camión y la de quienes conducimos a su lado. ¿Es este un ejemplo de la dominicanidad del cual podemos sentirnos orgullosos? ¿Debería suceder esto en nuestras avenidas? ¿No es esto un manejo temerario? Esta fotografía fue tomada con una Kodak DX7440, 73mm, f/4.8 por 1/500 sec. a ISO 80.

La segunda fotografía dibuja a dos vehículos que por el año y modelo asumo que pertenecen a personas alfabetizadas. Ambos han sido estacionados justo debajo de un letrero que dice “no estacione[…] área de giro”. Luego, si otro vehículo, al transitar, raya o abolla uno de los mal estacionados, seguro que se arma tremendo zaperoco. ¿Por qué violamos tan flagrantemente las señales de tránsito? ¿Por qué nos importa tan poco el derecho ajeno de libre tránsito? Luego nos quejamos cuando algún funcionario público, amparado en su rango y en su escolta, nos hace perder el tiempo en un tapón inmenso con tal de que le abran paso y le den prioridad. Parece como que la cualidad de imponerse mediante el poder no es exclusiva de los políticos dominicanos, sino de todo un pueblo que se hace el ciego cuando las leyes le dicen “no estacione”. Esta foto se tomó con una Kodak DX7440, 60mm, f/4.8 por 1/500 sec. a ISO 80.

En la tercera foto se evidencia como un vendedor de alimentos dispendia los mismos en plena acera. Ah, nada más dominicano que el poderse parar a la derecha y comprar algunas frutas para el almuerzo. En este disfrute, para los que andamos en vehículo, olvidamos que esas aceras fueron construidas para un propósito distinto: que los peatones puedan caminar con la seguridad de que no serán embestidos por un vehículo. Luego, hemos enviado a los peatones a la calle para que el vendedor de fruta monte su negocio, el cual, de paso, no paga ningún tipo de impuestos aunque vende los productos a un precio mayor que los supermercados. ¿Por qué este señor no paga impuestos si me los cobra? ¿No se supone que la ley es igual para todos? ¿No deberíamos estar todos contribuyendo para que el Estado pueda ofrecer servicios y garantías de calidad? Obviamente, el peatón no parece tener derechos pues su espacio ha sido tomado, a la fuerza y con violencia, por un mercader. Esta imagen fue tomada con una Kodak DX7440, 73mm, f/4.3 por 1/180 sec. a ISO 140.

En sentido general me alegra que tengamos más oficiales de la AMET, pero preferiría que su actuación no se base en operativos puntuales, sino en procurar que los derechos de todos los ciudadanos, en materia de tránsito, sean respetados.

domingo 3 de febrero de 2008

Juventud y cultura: éxtasis

En República Dominicana hemos establecido como semana laboral los días que van desde el lunes hasta el viernes; los sábados y domingos son días de descanso. Trabajamos mucho durante la semana laboral y, al llegar lo que conocemos como fin de semana, aprovechamos el tiempo para el ocio y la diversión; para compartir con amigos y con la familia. De este modo, y sacudiéndome de mi queja habitual de que no hay espacios para el disfrute más allá de bares, discotecas y restaurantes, aproveché la realización de una actividad que de adolescente me encanta: los rallys.

Los rallys se definen como una carrera en la cual los competidores conducen a través de una serie de etapas cronometradas. El ganador del rally es aquel competidor que completa todas las etapas con el menor tiempo acumulado. En nuestro país los rallys tienen, muy comúnmente, dos modalidades: a) a pie y b) en vehículo de motor. En ambos casos es muy frecuente que cada etapa del recorrido incluya un conjunto de preguntas, pistas y enigmas que deben ser descifrados para pasar a la fase siguiente.

Ya desde hace días tenía el conocimiento de que en nuestra Plaza de la Cultura se estaría celebrando un rally por parte de los amigos de Desde el Medio Tours (http://www.desdeelmedio.com.do/). Entonces decidí, cámara en mano, mezclarme con la juventud y disfrazarme de ellos, para así bañarme de la energía, la gracia, la inocencia, la creatividad y la esperanza que caracteriza al ser humano en tan bello período de la vida.

La actividad estaba llena de adolescentes. Pareciera como si las promociones de los colegios se habían desbordado en este derroche de alegría. En los medios que frecuento, de personas mayores, como diría el Principito, se escucha decir con frecuencia que esta generación que viene está perdida; que sólo saben de reguetón, de merengue de calle y de fiestas; que no tienen aspiraciones ni valores profundos; que son vacíos y que viven un estilo Light; y que culturalmente son analfabetos. Sin embargo, fue una agradable sorpresa descubrir que, en este pequeño espacio, los jóvenes mezclaban su reguetón y música electrónica con la búsqueda de información culta, con el fin de responder, correctamente, las cuestiones que les presentaron los anfitriones del rally.

El rally de Desde el Medio abarcaba ambas modalidades; yo me decidí por el rally a pie. Los participantes se organizaban en grupos de hasta cinco personas y recibían un conjunto de preguntas y pistas que debían descifrar. En ese afán pude percibir a un grupo, bajo la sombra del poeta Fabio Fiallo, intentar penetrar en uno de los más complicados enigmas del rally. Por todas partes se veían grupos de jóvenes, cuaderno en mano, analizando las pistas y buscando respuestas.

Al final del día todos estaban exhaustos. Los grupos, luego de concluir la carrera, se reunían para disfrutar de la música y de los juegos que les habían preparado. Hasta encontré que algunas familias completas habían decidido participar del evento; papá, mamá y los hijos disfrutaban de una tarde poco peculiar. Aun así, las pruebas no concluían, pues los concursos que siguieron exigían destrezas y capacidades especiales de todos los presentes. La alegría desbordaba cada vez que un participante, cualquiera que fuera su sexo, color de piel u orientación sexual o religiosa, alcanzaba la meta propuesta.


¿Cómo podemos decir, luego de presenciar esta hambre por el saber, que los jóvenes de hoy son vacíos? ¿Cómo podemos expresar que no tienen ideas ni preocupaciones sobre el bien común? Yo estoy parado en un lugar olvidado para la mayoría de los adultos, la Plaza de la Cultura, donde cientos de jóvenes están, precisamente, hurgando los rincones del saber. A estos jóvenes se les ha dado el espacio para crecer, el motivo para iniciar la búsqueda y la recompensa de la meta alcanzada, y con eso, han pasado una tarde espaciosa aprendiendo nuevas cosas y dando soluciones a los problemas que se les han presentado.

Una vez que se presencia esta realidad no podemos acusar a la juventud de los problemas que nos acontecen. Ellos tienen las capacidades para salir adelante. Nosotros, los adultos, somos quienes tenemos que proveerles del espacio, la motivación y las recompensas adecuadas para que sean hombres y mujeres de provecho. Seguro, si estuviéramos haciendo eso, otros fueran, más provechosos, los cantares de nuestra nación.

Todas las fotos fueron tomadas con una cámara Kodak DX7440. La primera a 108mm, f4.8 por 1/180 sec. a ISO 200. La segunda a 33mm, f4 por 1/180 sec. a ISO 200. La tercera a 33mm, f4.8 por 1/180 sec. a ISO 200. La cuarta a 33mm, f3.4 por 1.250 sec. a ISO 200, con algo de crop. La quinta a 33mm, f4.8 por 1/500 sec. a ISO 200.