Sin embargo, no dejo de preguntarme cómo es posible que, a pesar de ser independientes y tener una nación, la falta de voluntad de nuestros políticos nos mantenga en condiciones de eterna pobreza. Somos libres e independientes de los haitianos, pero ¿quiénes nos esclavizan ahora?
La República Dominicana es una nación valiosa, mas no tenemos claro nuestros valores. Tenemos una Constitución tan grande, amplia y confusa, que sólo los miembros de la Suprema Corte de Justicia logran interpretar su significado e intención. La Constitución dominicana no es un documento que guíe nuestro comportamiento y nuestras decisiones. Peor aun, el juicio de los tan altos jueces carece de sentido y orientación, pues, aun con sus sentencias, no logran que las leyes en nuestro país se cumplan y que todos seamos iguales ante la justicia.
Necesitamos una nueva Constitución, pero una que contemple, solamente, los valores innegociables que nos distinguen como pueblo, como sociedad y como nación. Carecemos de estos valores integradores que nos definan y que nos aclaren el porqué somos como somos, porqué hacemos lo que hacemos y qué no estamos dispuestos a dejar pasar. Estos valores, conocidos también como principios, están presentes en nuestros hogares, en nuestras escuelas y en nuestras empresas; sin embargo, están ausentes en nuestra sociedad como un todo.
El problema de carecer de valores es que todo lo que sucede en nuestra sociedad nos da lo mismo. Vemos como candidatos a la Presidencia de la República se sacan los trapos al sol, cada uno se acusa de corrupto, de hacer trampa, de no ser ético ni moral, y a los dominicanos eso no nos mueve a exigir pruebas y a repudiar a la persona deshonesta. Nos reímos del chiste, como si fuera realmente un chiste, mientras nos jugamos el destino completo de una nación. Si tuviéramos valores explícitos, principios escritos, todos nuestros representantes y autoridades tuvieran que responder ante ellos, y como los valores son innegociables, si no cumplen con los mismos no pudieran ser entes respetados en nuestra sociedad.
Esta organización jurídica se vería complementada con normas específicas que regulen el cómo, estableciendo los pasos, procedimientos y consecuencias específicas que apliquen a cada ley. De esta forma, podríamos actualizar estas normas, reglamentos y decretos en función de las necesidades nacionales que van surgiendo, irrevocablemente, con el avanzar de nuestro desarrollo como nación y como ciudadanos.
Queremos ser una nación libre, independiente, gloriosa, exitosa y desarrollada. Para lograrlo debemos reinventarnos cada día, sustentados en los adecuados valores y principios que nos caractericen como dominicanos. El deber de vigilar, constantemente, el cumplimiento de los valores, los principios y las leyes, es el precio que se paga por la democracia.







