Es realmente impresionante ver el destello de luces en nuestra ciudad. Yo, mientras cruzaba uno de los pocos pasos peatonales que tenemos en la Ave. John F. Kennedy, justo en la unión con la Ave. Winston Churchill, me percaté de que la vista desde ahí es bien interesante. Pueden verse los vehículos ir y venir, pasando por abajo, por arriba, por los lados… ¿quién pudo pensar, hace apenas 10 años, que estaríamos tan acostumbrados a estos elevados que ya no nos distrae tal vista? ¿Estaremos así con el Metro? Seguramente, pues el ser humano tiene una inmensa capacidad para adaptarse, siendo esa capacidad de acostumbrarnos a todo y de no sorprendernos, la que muchas veces nos mantiene en el subdesarrollo.
Otro día, en la misma intercepción, me encontré con un motorista que, sin más ni menos, pasaba por los elevados. El paso de motores está prohibido, pero esa regla se cumple sólo cuando hay “operativos” al respecto. Nadie, ni siquiera los mismos ciudadanos, caemos en cuenta de que esto está mal, que se viola ley y que pone en peligro la vida de quienes conducen motores y de los demás que transitamos por esas vías. Más aun, el intrépido motorista conducía su bólido sin casco de protección. La pregunta típica es ¿dónde están las autoridades para hacer cumplir las leyes? Pero si los ciudadanos nos quedamos indiferentes y no comprendemos que somos nosotros quienes tenemos que hacer que se cumplan las leyes, las cosas seguirán así, pasando frente a nuestras narices.Esta indiferencia, que construye dos naciones, dos países y dos realidades, es descrita como parte de nuestra forma de ser, parte de nuestra característica social y parte de nuestra individualidad. Tanto así que somos únicos, como únicos son nuestros vicios y la forma en como convivimos con ellos. No creo que seamos el país que más bebé, pero es seguro que el dominicano que no bebé tiene problemas. Es tanto así que, en ocasiones, nuestros administradores públicos consideran el alcohol como un producto de primera necesidad, revisando y modificando los impuestos para asegurar que el consumo de las bebidas alcohólicas sea un derecho para todas las clases sociales.
En principio no me opongo al consumo del alcohol. Sin embargo, no deja de extrañarme la ironía de la vida, o la claridad de los mensajes que nos encontramos a diario, aun cuando queremos ignorarlos. Conduciendo un día hacia mi casa me encontré con algo que parecía un taller de patio. Más que taller, era un espacio de terreno donde había colocado un vehículo que, evidentemente, necesitaba reparación. El vehículo, un BMW, había pasado por un aparatoso accidente y estaba todo chocado. Sobre él, descansaban soberbiamente no menos de una docena de botellas de la marca de cerveza más consumida en nuestro país. Este orgullo nacional decoraba muy creativamente uno de sus efectos más claros y cotidianos. No importa cuántas veces digamos que si conduces no bebas; el dominicano bebe y es un orgullo hacerlo y demostrarlo. Luego, ¿no sería de flojos el admitir que la bebida nos limita los reflejos y la capacidad para manejar? El resultado es simple y desnudo: el alcohol destruye la vida a muchas familias; cosa que sólo comprendemos cuando la verdad, tan cínica como esta foto, se nos muestra en la cara. ¿Por qué no observamos estas luces?Todas las fotos fueron tomadas con Kodak DX7440. La primera a 73mm, f8 por 6 segundos a ISO 80. La segunda a 132mm, f4.8 por 1/250 sec. a ISO 100. La tercera a 132mm, f4.8 por 1/350 sec. a ISO 80, con un retoque con Adobe PhotoShop Elements.









